Bueno, ingleses, ahí
tienen: los quiero como son. Me estoy reconciliando con estos gringos. Digo, no
tienen la culpa.
Acá las calles son
todas iguales, las casas todas iguales, hermosas, pero todas iguales. Me
pierdo, qué le voy a hacer. Voy de una colina en otra, no existen la
cuadriculas. Camino, miro primero a la izquierda y después a la derecha; y
luego recuerdo que debo mirar a la derecha primero y después a la izquierda, ¿o
era al revés? Lo pienso una y otra vez y no entiendo, soy disléxica! Pero
bueno, alcanzo a percibir como a través una especie de sexto sentido que los autos y
los buses van raro. Cuando miro adentro de los autos, pienso que se manejan
solos: no hay conductor. Después recuerdo que esté del otro lado, más lejos, y
alcanzo a ver su rostro, blanco, casi humano. No son máquinas
futuristas que se manejan solas. Aunque varias veces pareciera.
Camino, imposible en
línea recta, imposible no perderse. Lo divertido de esto es volver a
encontrar el camino. Hoy no fue divertido, nunca lo encontré. Me bajé del bondi
no sé donde y me pedí un tacho, que encontró el camino por mí.
Pero salvo por el extravío,
hoy mi día estuvo bueno. Dormí hasta tarde, porque como no hay sol, no hay rayos
que te despierten. Fui a la facu caminando, previo pasar por el centro para
reclamar por mi fono que sigue sin interné (que parece que así seguirá por un
buen rato), me compré más cosas en Primark (son absolutamente necesarias eh,
nada de consumismo: medias de abrigo, 2 pares por 2 pounds, una remera por 1
pound y unos lompas por otro pound… Sumando pound y pound y multiplicando
por 8 nos ponemos a llorar, pero bueno, no more thinking in argentinian). Y
llegué a la facu.
Para entrar a MI
oficina, tengo que pasar por el “foyer” que es como una salita donde todos
comen y siempre hay olor a no se qué especia, porque hay mucha influencia
pakistaní e hindú en la comida. Estuve poco tiempo. Pude imprimir, conseguir mi
ID card y hasta tengo cuenta de mail.
Volví, ahí fue cuando me perdí, me
hallé de nuevo, y fui a cenar a lo de mi supervisor con su mujer que es
espanish y por suerte curtimos el mismo languish. Y comimos espanish food. Y
ayer también salí con mi superviser y la gente de la facu, y me di cuenta lo
siguente: soy insoportable.
Así es, totalmente insoportable. ¿Viste cuando te das cuenta de algo de vos mism@ y querés evitarlo pero no podés, e incurrís una y otra vez en lo mismo? Bueno, soy así.
No puedo evitar hablar
de Buenos Aires, de nuestras costumbres, de lo buena que es la educación allá,
y que es gratis, y que los edificios de la facu son mas feos y cursamos mal y
apretados pero somos más piolas, claro. Porque no tenemos todo resuelto y
tenemos que luchar para conseguir las cosas. Y no nos recibimos tan rápido como
ellos (eso, loco! Tengo compañeros de doctorado que son púberes y tienen granos!
Sus carreras duran 3 años, sus maestrías uno y sus doctorados 3, a los 27 si
quieren ya son doctores, porque además sus tesis miden sólo 100 páginas). Y obvio que es
mejor en Argentina, porque sos mas viejo pero más sabio, porque no nos afectó tanto (todavía) la privatización de la educación como a ellos. Y no tenes oficina propia,
pero somos más cariñosos y afectuosos y solidarios, y piolas, y lindos es
inteligentes y buenos. He dicho...
Ayer charlando
downtown con otro researcher me dijo que él investiga el proud de los citizens,
algo así como el orgullo de los ciudadanos sobre su ciudad, y me dijo que yo
seria un interesante caso de estudio, ¿eso fue un insulto a la inglesa?
Así que Buenos Aires, creo que este amor nuestro no me está haciendo bien. En el fondo, ambas sabemos que vos sos
más linda, que a pesar de la humedad, tu clima es mejor, y todas tus
desigualdades te dan un sabor y un atractivo que acá no hay (¿no te digo que es todo igual?). ¿Por qué no
guardamos este amor nuestro en una cajita, para abrirla después, más adelante*? Porque
creo que lo mío ya roza la soberbia. Tengo que dejarte ir… Entedeme, no sos
vos, soy yo. Que ahora vivo con otra. Yo te quiero a vos, pero ésta me da de
comer, me ordena. ¡Es solo por un tiempo!
Hoy, perdiéndome, llegué a la loma del orto. Y los colectiveros te explican dónde bajarte y cómo seguir
camino. Que no les entienda sus raros acentos es otra cosa, pero tienen toda la
buena intención.
*Quiero dar gracias a
mi amiga Lys porque de no haber sido por sus lejanas anécdotas no podría haber
imaginado semejante frase.
No te digo que sos una genia! Me hiciste llorar de risa... quien te dice, fue un concejo sabio el de la cajita, es solo x un tiempo
ResponderEliminar¡Buena crónica!
ResponderEliminarY una cosita: no creo que seas vos la insoportable. En todo caso es un mal de los porteños, y te lo digo como hijo de inmigrante (es decir, me metieron la idea de que los argentinos son, cuando mucho, imbéciles).
Otro post excelente
ResponderEliminarExcelente post! Te comento que en otras ciudades de Argentina sí los choferes te indican cómo seguir camino (en Olavarría no, eh!), así que más razones para que estés orgullosa de tu argentinidad y sigas siendo bellamente insoportable.
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