martes, 23 de julio de 2013

Ojo que hablo solo de objetos

El aburrimiento ingles me lleva a recrear un mundo imaginario donde los objetos se vuelven mas animados que las personas. Igual no es difícil, convengamos, ser mas animado que un ingles.

Si llega a haber un ingles hispano-leyente siguiendo estas lineas, no se me ofenda compañero. Es un poco jugando (aunque un poco en serio) que lo digo. Nomas intente entender: es la diferencia cultural. Asi como los suyos no comen conmigo en el almuerzo ni se dignan a responder mis saludos –a pesar de que ya lleve 5 meses aca- asi yo deposito todas mis insatisfacciones en la figura del “ingles promedio”. Hay excepciones, es cierto.

Volvamos a mi circulo afectivo de objetos. Primero, mi caloventor. Muchas alegrías me dio. Ciertamente, mas calor que cualquier ingles. Pero fue un amor fugaz. Aun lo conservo, pero la pasión murió. Somos buenos compañeros, eso es cierto. Y en estos días de verano difíciles de sobrellevar -en oficinas que tienen ventanas pero no se pueden abrir-, Calo (asi lo acabo de bautizar) me acompaña a la oficina y me ayuda a trabajar. Y descubri que no solo es calido, Calo, sino que también me ofrece un respiro cuando mas lo necesito. Con solo girar una perilla, se le puede apagar el radiador y tira airecito nomas. Pero en mi oficina no lo quieren. Dicen que hace ruido. Que es molesto, nos miran, no nos entienden. Asi que ahora lo tengo descansando debajo del escritorio. Y lo mejor, no es celoso y me permite tener relaciones poli-amarous, como dicen aca (el poliamor!).

Despues vino Fito, y fue parte de mi vida por un tiempo (mientras, Calo se la bancaba, gauchito). Una relación de conveniencia, digamos. Era buen tipo, nada pretencioso, no gastaba, pero medio lerdo. En las barrancas pa bajo siempre íbamos últimos, y en las barrancas pa arriba, también. Y me hacia sudar como loca. Al poco tiempo empece a mirar a otros y lo sacaba menos a la calle. Lo deje medio abandonadito. Cuando me mude, quedo solito en mi vieja casa por un tiempo. Como los animales, Fito se ofendio. Y se enfermo de soledad. El dia que lo fui a buscar, el chabón cabeceaba. Flojito, mas que de costumbre. Estaba de difícil! Y yo que persevero, no escuche mucho sus llamados de atención. Asi que segui pedaleando con el manubrio que se movia para uno y otro lado, muy jodido mantener el equilibrio y que no te pisen los autos. Cuando de pronto, chan! Me quede con el manubrio en la mano y el cuerpo de la bici en los pies. Fito había muerto decapitado!

Y tan mala que soy, no lo lleve corriendo al hospital. Primero me fui de vacaciones a Barcelona. Como acostumbran aca. Primero yo, yo y yo. Despues yo. Otro poco después yo y mis placeres, obligaciones y recién después podemos empezar a hablar del otro. Asi que Fito, pobre y muertito, debio fumarse mi tranculturizacion. A la vuelta de Barcelona recién lo lleve al medico a ver si lo podian resucitar con un desfibrilador, pinza o destornillador.

Y funciono! Quedo erguido de nuevo. Solo que muy pronto pasaría a un segundo plano, y también a la historia de los amores en dos ruedas. En Bikology, donde reparan Fitos, de pronto la vi a ella.

Mujer, hermosa, pintaba de unos cuantos años. Pero no le quedaban mal, para nada mal. Solo unos pocos pounds mas cara que Fito, era cien mil veces mejor.

Martita. De piel oscura, finas llantas, cuerpo liviano, es mucho mejor compañera de viaje que Fito. No me hace sudar, me vuelve el camino cuesta arriba mas fácil, y el que es cuesta abajo, mas ligero. Y fue asi, como si nada, amor a primera vista.

Y ese fue nuestro final con Fito. Lo deje ahí en parte de pago por Martita. Y hoy ya formo otra familia se ve, porque pase por el Bikology, que también es centro de adopción, y Fito ya no estaba. Yo sabia que iba a encontrar a alguien que lo quisiera como yo no supe.

Ahora termino estas líneas porque tengo que ir a buscarla a Martita a la clínica. Se le pincho una goma.

viernes, 28 de junio de 2013

Marmitas, mormanos... ¡mormones!

Empezaba a creer que el mundo era un lugar en el que podía estar. "El mundo", qué palabra. Con todo lo inmenso y sublime. A pesar de que sólo conocía casa y Leeds.

Tras una cerveza -como casi todos mis días aquí- me despedí de mi amiga y encaré rumbo a casa. Mi casa nueva, que también empezaba a sentir más mía. 

La lluvia se había ido, y un leve color a sol matizado por nubes daba otra tonalidad a la vida en Leeds. De pronto me sentí más contenta. Sin planes, sin futuro aparente, pero un presente promisorio conmigo y un postre que aún no había planeado, o no conscientemente. Pero mi estómago ya me iba marcando el rumbo ¿Qué comería al llegar a casa? ¿Más vegetales? ¿Más cerveza? Por unos instantes, esas fueron todas mis preocupaciones.

Camino a casa, encontré un Tesco Express. Sí sí, los mismos, esos a los que no hay que entrar porque atentan contra la autonomía alimentaria y entierran un pasado dominado por pequeños almacenes y encuentros cara a cara con sus almaceneros.

Entré y fui directo a los freezers: ahí estaba, sin mas, mis antojos materializados en un pote de hagen dazs. 

Ningún encuentro caracara, nada. Pasás tu pote de helado por un rayo x o algo así que te lee el código de barras y te dice que pagues. Y si apoyás después el helado en otra parte te reta y te dice que no, que lo pongas en una bolsa a tu derecha. Ni el almacenero te retaría así!

Salí, rápido, acaso asqueada de esa escena inmaterial y futurista del presente en Leeds. Desenfundé mi cuchara plástica y la hinqué en el helado. Nada del otro mundo. Pero el día se había puesto tan lindo que se disfrutaba igual.

¿Para qué correr? Me senté en una bonita medianera, miré el cielo y seguí con mi helado. No tenía apuro, ni planes, ni futuro aparente. Yo, mi helado, mis pensamientos. Un cielo celeste zurcado por nubes y rastros de aviones "a chorro". Más cerca, en frente mío, chimeneas aún activas en esta Leeds post-material y post-industrial.



Cuando estaba por llegar a la nuez caramelizada más grande de todas, pasan dos simpáticos (extrañamente simpáticos) hombres ingleses. Muy bien vestidos. Irían a una fiesta, pensé. Lógico, viernes a la noche, es lo que la gente hace. No quedarse sentada a solas en medio de un campus universitario vacío y de vacaciones. 

--"How are you lady?" --Me preguntaron. Pero qué amables que eran estos. No era el momento, pero que amables que eran.

--"Veri gud, inyoing" --Respondí, un poco sincera, otro poco queriendo justificar mi extraña práctica solitaria con un helado en horario en que se sale.

Temerosa de que ese "jaguariu" fuera el comienzo una situación de levante inglés que pondría punto final a mi encuentro conmigo misma, terminé encontrándome algo mucho peor. 

--"Do you belive in god?".

Mormones eran. 

Pero como estaba de buenas conmigo y con la vida -y no tenía el portero eléctrico para colgarles y mandarlos al demonio o al infierno- acepté la charla sobre dios y la importancia de rezar y de la familia. Si creía en dios?, no, o sí, depende el día, pero no en las instituciones. Para qué. Que los mormones son distintos, que no son como otras instituciones, que ellos no te quieren cooptar, porque son distintos, y por eso mismo respetan a las familias. Claro, como yo no era familia, no pasaba el filtro y conmigo si podían emplear la táctica de la cooptación.

Pero debo confesar que fueron respetuosos los tipos. No me lo hubiera esperado. Me invitaron a una charla para conocer mejor el mensaje de jesús y, sin mucho pero, aceptaron mi no. Creo que solo hubo un pero: ¿pero no querés conocer otros caminos para ser feliz y superar la soledad? O algo así me preguntaron los mormones, en inglés, claro.

Muy amablemente y en inglés también, claro, los mandé a freir churros. Y aceptaron la invitación y todo. "Gud bai", "nais tu mitchiu" y se fueron.

Está bien que no conocí mormones anteriormente... Ni ingleses ni argentos. Pero de haberlo hecho, seguramente los argentinos habrían sido más insistentes. Como los testigos de jehová, o los de rey de reyes... Tiene sentido. Las religiones también están determinadas -o influidas- por las culturas.

Tal vez acá ni haya testigos de jehová, ni mucho menos, rey de reyes, pastores brasileros, la iglesia del reino unido de dios.... Pero el helado es una garcha.

Aquí algunas fotos leedsenses. He decidido aprovechar la tecnología y volver esto más audiovisual.

 Cielo con banderines. Banderines ves todo el tiempo por todos lados. No así el cielo.


Regreso a casa por el parque Woodhouse Moore.


No estudio ahí pero la imagen se me hizo bonita.

jueves, 20 de junio de 2013

La actualidad alfombrada

Tanto tiempo y yo sin venir por aquí. La vida tiene altibajos, y estuve de altos. Un repentino viaje de un mes a la patria querida, todo incluido en mi scholarship. Diversión y cariño, todo concentrado. Y no hizo falta cerveza!

Volví la semana pasada y el regreso vino con mudanza. Descubrí que soy como los gatos, me adapto a los lugares, más que a la gente. Y me sacás de mi hábitat habitual y no sé qué hacer.

Resulta que me fui a una zona preciosa, a una casa que podría ser preciosa, pero es muy sucia. Las alfombras, lo peor. A estos ingleses les encantan las alfombras, son fanáticos. Que son warm en invierno es el pretexto. La mugre que albergan y los ácaros que alguna vez fueron responsables de fuertes alergias y más de un ataque de asma, quedan en un segundo plano. También el olor a cebo capilar que juntan y las pelusas que no dejan correr. Más si estacionás la bici que cruzó charcos, caca de perro y vaya uno a saber qué en esas viejas alfombras.

Algunos con más plata las cambian cada dos años. En mi nueva casa, todita alfombrada, sus desvencijados alfombrados deben tener, cuanto menos, 15. Puajjjj.

Y si por si todavía no lo notaron, aclaro: las alfombras despiertan lo peor de mí. Fobias, obsesiones.

Pero la buena onda que encontré en mi nueva casa de 7 personas, pudo más que las alfombras, los ácaros, el cebo capilar, la pelusa y el mal olor. La buena onda, y el limpia-alfombras que me compré hace minutos por 2 pounds. Y que voy a pasar con un cepillo y mucha fuerza por dentro de mi trinchera, que es mi cuarto y el breve pasillo (igualmente alfombrado) que lo separa de un baño sin alfombra pero también sin piso. Es un papel contact deteriorado que simula pinotea. Con la humedad se levanta y ondula, y vuelve la experiencia de bañarse una aventura por las colinas del piso engomado, esquivando bolas de pelo que junto a grasa corporal y burbujas ya grises de restos de jabón, taponan la bañadera.

Y mis hippies compañeros me cocinan rica comida vegana y tocan música. Y tengo con quien charlar después de una aburrida rutina en mi oficina. Y aunque hable mal de ellos y de su mugre (y lo sepan porque el mundo es un pañuelo y los rumores que por mi boca salen de mi casa en Leeds, pasan por los oídos de un argentino en Manchester, y vuelven por medio de un músico manchesteriano a mi casa en Leeds), me aceptan. Creo que ya saben que soy obsesiva de la limpieza.

jueves, 11 de abril de 2013

La gripe

La tercera en dos meses, o tres manifestaciones de lo mismo. Hacía rato que no escribía, y qué mejor momento que ahora, desde la cama. A diferencia del principio, no tengo mucho para contar, ovejas, rayitas de fiebre, anécdotas vagas.
Mi adaptación a este extraño primer mundo venía bien. De hecho, tras una escapada de una semana por el resto del Reino Unido (Escocia e Irlanda), podría decir que hasta extrañé mi ¿hogar?, Leeds y no mi ciudad natal.
Dos meses, tres gripes, un sistema de salud en reducción presupuestaria y ningún amigo dispuesto a venirme a visitar durante mis días de reclusión, me hicieron volver a pensar en la patria, la posta. Oh, su clima; oh, su gente. Amigos, familia, sol, asados, otoño que es más cálido que este verano, mi madre médica que ya hubiera dado en el clavo con lo que tengo y me estaría sintiendo mejor. Sus cafecitos y tostadas en la cama... Son ciertas también las inundaciones, los problemas, que el dólar y el cepo... Bla. Extraño, que le vamo' hacer.
Pero suena el teléfono, se ve que me vienen a visitar.

jueves, 21 de febrero de 2013

Al Palo


El dulce de leche – las empanadas – la birome – el bondi – el tango – el lunfardo – el chorizo (sí es español. Bueno, pero el choripán sí) – el asado – Maradona – la mano de dios – la mas larga – la más ancha – las minas mas lindas.

Hoy fue un dia productivo, en todo sentido, y no fue por un nuevo caloventor. Ni por el GPS que descubri que tiene mi celular (que contribuye a que ya no me pierda más), ni al chocolate Lindt que encontré que venden por un pound y me sube las endorfinas.
Descubrí que la tristeza que siento últimamente muy a menudo,  sirve. Está haciendo lo suyo. La soledad terrible que siento a veces, y la falta de alguien con quien compartir mis sentimientos, lo empeora (lo cual me acabo de dar cuenta que forma parte del concepto de “soledad”).
No es que me pasen cosas terribles. Pero la falta de un colchón afectivo hace que cada cosa, buena o mala, resuene más, mucho más, amplificando sus efectos sobre mi sistema nervioso central (creo). Nada amortigua los efectos de los pequeños sucesos cotidianos. Si tuve un dia mas o menos bueno, me siento feliz, muy feliz, rozagante. En cambio, si tuve un dia masomenos malo, o simplemente no tan bueno, es terrible y siento como si se acercara el fin del mundo. Bajó-bajón. Esto lo que en mi tierra se llama “vivir al palo”. Y no es la argentinidad, precisamente.
Hoy encontré acá en Leeds una argentina, como yo, que vino hace dos meses a probar suerte. Habría que ver qué onda en Baires, pero con la distancia, las saudades y la resonancia amplificada por la falta del colchón afectivo que les dije, se siente como si hubiera encontrado una hermana perdida. Y me dijo algo revelador: “Siempre es muy bueno viajar un tiempo, pero para los argentinos, más que bueno, es fundamental”.
“¿Por qué para nosotros más que para otros?”, le pregunté.
“Y, para bajarnos un poco del poni, nos creemos muy superiores en todo”.
Claaaro, esta sí que tiene razón. Necesitaba que alguien dijera por mi lo que de algún modo venia intuyendo,  pero no podía formular claramente, ni entender que era algo que no me pasaba solamente a mí solita. Pero no, es un padecimiento nacional. El no poder parar de hablar de Argentina, tan grande y tan linda, y de lo buenos y zarpadamente piolas que somos, más los porteños. Y, esta sí, es la argentinidad al palo.
Así que bueno, por eso digo que está siendo productivo. Marina, desterrada, puede pensar sobre su condición cultural de argentina. Pero necesitaba que otro se lo marcara. Alguien muy groso e inteligente. Y quien iba a ser, sino una argentina.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Políticamente correcto


Hoy a la mañana me paso algo muy loco que remontaría mis últimos días de adaptación, sin penas ni glorias, a este frío país.
Iba caminando rumbo a la university, hasta que un señor afrodescendiente (expresión políticamente correcta) me saluda. Yo simplemente digo “hi”. Por tan breve expresión (dos palabras, una sílaba) el hombre se percató que no era, yo, de estas tierras, y me preguntó de dónde era.
“Argentina”, le dije. “Ah, Diego Maradona”, me respondió él. Y así empezó una de las más interesantes y amenas conversaciones que tuviera en los últimos días (no es que haya tenido muchas igual, la gente con la que trabajo no es muy adepta al intercambio verbal. Ni visual. Ni de ningún tipo).
Extraña mezcla de licenciado en Sociología (según dijo, y según algunos términos precisos que mencionó podrían confirmar) con working class, recordaba el año exacto de la guerra de Malvinas, me contó que su hermano peleó allí y que para él debían ser argentinas.
Charlamos de lo inapropiado de las guerras, de la violencia, la opresión, de los movimientos sociales urbanos y terminamos hablando sobre el racismo. Fue la primera persona que mencionó la existencia de racismo en la isla. Y que debería estudiar eso en vez de movimientos sociales compuestos por 10 personas –siempre las mismas 10- de clase media -todos narices respingadas, según gestualizó-.
Al llegar a la facultad, donde estudiamos cómo cambiar el mundo sin tomar el poder, pregunté por qué no hay working class en ninguno de los social movements británicos actuales.
Y la respuesta fue: “Porque para lo único que se juntan es para tomar alcohol”.

jueves, 31 de enero de 2013

Una guía práctica para cada ocasión

Una guía radical para cambiar el mundo. Hasta tienen pautado eso. Fundamentalistas de las pautas y los reglamentos. Fetichismo de la norma ¡Este país da para todo!
--¿Usted me quiere decir, señor de cabellos claros, que si cambio mis lamparitas por unas de bajo consumo (procedimiento que igual ya implementó nuestra señora presidenta de Argentina, que de marxista creo que tiene poco y de autonomista, menos); que si además camino desde mi casa al trabajo en vez de usar el auto (que pueden llegar a ser como 13 kilómetros en la megaciudad donde vivo); y que si elijo comer  lechuga en vez de vaca; que si hago todo eso voy a cambiar el mundo?
--No, por supuesto que no --Me dirá él (no voy a poner nombres por las dudas).-- No basta con que lo hagas tú sola, deberás hacerlo tú, con los tuyos, en comunidad.
Tomo como ejemplo la fotografía que el libro muestra. Él y los suyos abrazados en un lugar que pinta campestre. Si me voy a la montaña, se me ocurre que el Uritorco podría andar bien (tendría que formular la pregunta en la próxima sesión de nuestro encuentro profesional en el marco del programa de estudios de posgrado), si me voy a las afueras y practico meditación trascendental, yo y mis 15 amigos, 100 pongamosle, o un millón si fuera Roberto Carlos. Y además todos hacemos una dieta rica en lentejas y porotos, y nada animal ni vegetal que dé más de 2 cm de sombra. Reuniendo todos esos requisitos estipulados en la guía de cómo cambiar el mundo radicalmente en pocos pasos, ¿puedo cambiar el mundo posta? ¿Viene con garantía ante eventuales fallas?
Cierto, fue un regalo… Y a caballo regalado…
Bueno, con este regalo, este librito amarillo y sus pautas bien didácticas y con muchos dibujitos, ¿se  puede terminar con el hambre?, ¿las injusticias?, ¿la trata?, ¿el trabajo semi-esclavo? ¡Como no se nos ocurrió antes locoo! ¡Porque somos latinos perezosos y preferimos andar de juerga que pensar! Menos mal que vine a estudiar al primer mundo, acá me enseñan posta…


martes, 29 de enero de 2013

Descubrí el amor el Leeds


Estoy aprendiendo a disfrutar de las pequeñas alegrías, acá en el viejo mundo, y a rendirles culto. ¿O será que me estoy contagiando de este apego por lo material que reconforta la esfera individual de la cotidianidad del inglés promedio? Sea como fuere, decidí componer esta canción. Todavía me falta la melodía.


A todos los que me leen por aquí
les quiero decir:
Soy feliz,
encontré mi amor en Leeds.

Después de una larga y fría noche gris,
en la que a duras penas pude dormir,
me desperté
y me vestí.

Corriendo salí.
Quería saber si lo que había soñado podía existir.
Corrí, corrí.
Hasta que llegué al centro cívico y comercial de Leeds.
Y ahí lo vi.

Era real, estaba ahí.
Lo agarré con ambas manos y partí.
Desconfiada, no sabia si sería para mí.
Llegué a casa y descubrí que sí.
¡Qué Feliz!

Lo enchufé.
El caloventor funcionaba,
volví a vivir.

De frío ya no muero,
y repito, soy feliz.

Caloventor, sos mi amor
Con vos hasta siento calor
Sos lo mejor
Me haces feliz
Por eso digo,
Descubri mi amor en Leeds
¿Qué mas puedo pedir?

(Seee, ya sé... Internet, teléfono y un escritorio porque me duele la joroba de escribir sobre la alfombra, pero todo llegará, como mi caloventor. Tal vez para cuando eso pase hasta se me ocurra la música para tan bella canción).

domingo, 27 de enero de 2013

Los nuestros


¿Qué al querer entrar a mi blog la dirección diga al final “.co. uk”?? Si eso no es adaptación, ¿qué es? ¿Tomarme el bondi y no perderme? ¿Volver a mi casa por motivos de sueño a las 7.30 de la noche sintiendo que es tardísimo? Ya soy cuasi-independent. Ya hace casi una semana que estoy… Ya casi una leedsita más del montón.
Pero bueno, confieso que no puedo con mi genio, y hoy en el congreso marxista les conté a varios que problemas verdaderos son los nuestros, no los de ellos; que resistencia al capitalismo es la nuestra, no la de ellos; que acciones que excedan la paja intelectual las encontrás en Argentina, no acá. Que la megaminería, que el monocultivo de soja, que la corrupción, que nuestros políticos, terminamos  hablando de Perón. ¡Y hasta lo conocían!
Hoy, después del congreso fuimos a chupar birra. Tras dos vasos de extra strong beer, y sin comer nada más que unas chips, ya estaba en pedo. Jugué un partido de metegol contra marxistas de todas partes de Inglaterra, y (lamento comunicarlo) dejé bien claro que el fútbol inglés es mejor que el argentino. Pero la culpa la tienen ellos y su cerveza. Mientras jugaba, chupaba birra, y además intentaba pensar en inglés respuestas a sus preguntas. Claro está, a cada respuesta, un gol. Y así fue cómo perdí. Y nos dejé a todos mal parados.
Pero he aquí un triunfo: logre que incorporaran a su vocabulario el término “intelectual masturbation”.
Eso fue lo que primó en el political congress. 

viernes, 25 de enero de 2013

Tengo que dejarte ir...


Bueno, ingleses, ahí tienen: los quiero como son. Me estoy reconciliando con estos gringos. Digo, no tienen la culpa.
Acá las calles son todas iguales, las casas todas iguales, hermosas, pero todas iguales. Me pierdo, qué le voy a hacer. Voy de una colina en otra, no existen la cuadriculas. Camino, miro primero a la izquierda y después a la derecha; y luego recuerdo que debo mirar a la derecha primero y después a la izquierda, ¿o era al revés? Lo pienso una y otra vez y no entiendo, soy disléxica! Pero bueno, alcanzo a percibir como a través una especie de sexto sentido que los autos y los buses van raro. Cuando miro adentro de los autos, pienso que se manejan solos: no hay conductor. Después recuerdo que esté del otro lado, más lejos, y alcanzo a ver su rostro, blanco, casi humano. No son máquinas futuristas que se manejan solas. Aunque varias veces pareciera.
Camino, imposible en línea recta, imposible no perderse. Lo divertido de esto es volver a encontrar el camino. Hoy no fue divertido, nunca lo encontré. Me bajé del bondi no sé donde y me pedí un tacho, que encontró el camino por mí.
Pero salvo por el extravío, hoy mi día estuvo bueno. Dormí hasta tarde, porque como no hay sol, no hay rayos que te despierten. Fui a la facu caminando, previo pasar por el centro para reclamar por mi fono que sigue sin interné (que parece que así seguirá por un buen rato), me compré más cosas en Primark (son absolutamente necesarias eh, nada de consumismo: medias de abrigo, 2 pares por 2 pounds, una remera por 1 pound y unos lompas por otro pound… Sumando pound y pound y multiplicando por 8 nos ponemos a llorar, pero bueno, no more thinking in argentinian). Y llegué a la facu.
Para entrar a MI oficina, tengo que pasar por el “foyer” que es como una salita donde todos comen y siempre hay olor a no se qué especia, porque hay mucha influencia pakistaní e hindú en la comida. Estuve poco tiempo. Pude imprimir, conseguir mi ID card y hasta tengo cuenta de mail.
Volví, ahí fue cuando me perdí, me hallé de nuevo, y fui a cenar a lo de mi supervisor con su mujer que es espanish y por suerte curtimos el mismo languish. Y comimos espanish food. Y ayer también salí con mi superviser y la gente de la facu, y me di cuenta lo siguente: soy insoportable.
Así es, totalmente insoportable. ¿Viste cuando te das cuenta de algo de vos mism@ y querés evitarlo pero no podés, e incurrís una y otra vez en lo mismo? Bueno, soy así.
No puedo evitar hablar de Buenos Aires, de nuestras costumbres, de lo buena que es la educación allá, y que es gratis, y que los edificios de la facu son mas feos y cursamos mal y apretados pero somos más piolas, claro. Porque no tenemos todo resuelto y tenemos que luchar para conseguir las cosas. Y no nos recibimos tan rápido como ellos (eso, loco! Tengo compañeros de doctorado que son púberes y tienen granos! Sus carreras duran 3 años, sus maestrías uno y sus doctorados 3, a los 27 si quieren ya son doctores, porque además sus tesis miden sólo 100 páginas). Y obvio que es mejor en Argentina, porque sos mas viejo pero más sabio, porque no nos afectó tanto (todavía) la privatización de la educación como a ellos. Y no tenes oficina propia, pero somos más cariñosos y afectuosos y solidarios, y piolas, y lindos es inteligentes y buenos. He dicho...
Ayer charlando downtown con otro researcher me dijo que él investiga el proud de los citizens, algo así como el orgullo de los ciudadanos sobre su ciudad, y me dijo que yo seria un interesante caso de estudio, ¿eso fue un insulto a la inglesa?
Así que Buenos Aires, creo que este amor nuestro no me está haciendo bien. En el fondo, ambas sabemos que vos sos más linda, que a pesar de la humedad, tu clima es mejor, y todas tus desigualdades te dan un sabor y un atractivo que acá no hay (¿no te digo que es todo igual?). ¿Por qué no guardamos este amor nuestro en una cajita, para abrirla después, más adelante*? Porque creo que lo mío ya roza la soberbia. Tengo que dejarte ir… Entedeme, no sos vos, soy yo. Que ahora vivo con otra. Yo te quiero a vos, pero ésta me da de comer, me ordena. ¡Es solo por un tiempo!
Hoy, perdiéndome, llegué a la loma del orto. Y los colectiveros te explican dónde bajarte y cómo seguir camino. Que no les entienda sus raros acentos es otra cosa, pero tienen toda la buena intención.


*Quiero dar gracias a mi amiga Lys porque de no haber sido por sus lejanas anécdotas no podría haber imaginado semejante frase.

miércoles, 23 de enero de 2013

Tercer day


Hoy fue un día largo; y recién el segundo. Siento que llevo una vida acá. Me desperté temprano en mi bonita casa del barrio de Chapeltown, Leeds, que resulta que es un barrio bajo… Estos no saben lo que es un barrio bajo.  Fui hasta lo de mi director, que vive en la misma cuadra, porque todavía no sé ir sola hasta la universidad. Es un barrio de casas de dos pisos y ladrillos, en una colina (pero es un barrio bajo). Todo nevado, hermoso, como de película; de hecho acabo de caer en la cuenta de que parecen la casa de “Mi Pobre Angelito”. Es un barrio de negros y pakistaníes. Digamos, de clase obrera. Pero tambien hay blancos.
Cuando llegamos a la universidad, mientras mi dire tuvo una reunión académica, yo me fui de shopping. No es un shopping posta posta el que hice. En verdad  fui a comprar un adaptador para mis aparatos eléctricos (planchita, secador, depiladora, nada fundamental).  Pero de paso me compre un reloj por un pound (como 8 pesos) bastante lindo, pero que me irrita la piel. De hecho son varias las cosas que me irritan de este lugar, y no sólo la piel.
Bueno, consegui adaptador y la planchita anda. Después fui a la facultad. Hoy tuve mi primera clase de la maestria en social activism and social change. Y no, no enseñan a armar bombas molotov ni a tirar con gomera. Pero estuvo buena, o eso creo, porque entendí la mitad. Su inglés es muy cerrado, y mi dominio de su idioma no es tan bueno. Pero solo es mi segundo dia, creo que mejorará…
Conocí gente buena onda, fui a almorzar con dos compañeros al bar de la unión, que vendría a ser algo asi como el bar del centro de estudiantes. Muy pero muy lejano a La Barbarie de Sociales. Es muy top, tiene un supermarket y un Banco Santander, y los social activists de la unión están engaged en Green causes como save the monkeys y te lo representan con monitos de peluche sobre un mostrador. Toda la facultad esta engaged en Green causes, pero hay un packaging para cada pelotudez que te venden, nunca visto. Al final la barbarie es mucho más Green, y eso que no tiene monitos.
Bueno, mis compañeros son buena onda: él usa gorro andino de 7 colores y ella se deja el bigote, rubio, of course. Y me hablan a mi, la stranger. Así que habiéndome ido de shopping (ah, por cierto, de shopping desayuné a lo english por 2 pounds, un coffee y un bagel de bacon), y habiendo conocido gente que es copada conmigo, y habiendo cursado una materia que creo haber entendido y que me pareció interesante, estaba contenta. No me importó ni el frio, ni la garua constante, medio mezclada con aguanieve. Estaba contenta, sentía que empezaba a adaptarme…
Pero todo cambio de repente, cuando logré cargarle crédito a mi celular desbloqueado en argentina por 150 todavía pesos. No carga, no tengo internet, no puedo chatear en castellano todo el tiempo las cosas que me van pasando. Esta sociedad capitalista de mierda me creó la necesidad de tener internet conmigo todo el tiempo en mi teléfono, y es esta misma sociedad de mierda la que en Ingland, la cuna del individualismo -que dio nacimiento al capitalismo con su tecnologia y su revolución industrial- no me deja usar mi sim card…
Bueno, no importa. Los enchufes que compre andaban. Todo parecía empezar a andar. Pero para poder ser researcher aca tenes que estar inscripto, que ya estoy. Pero tenes que haberte hecho una clave y un usario en la compu, que ya la había hecho. Pero tenes que ir a hacerte la ID card con tu foto, que fui, hice una larga cola, pero no, no pude. Porque tenia que tener otra clave con datos como mi orientación sexual, creencias religiosas y etnicidad. Y después no pude volver a hacer la larga cola para hacer la ID card para ser researcher y tener discounts porque a las 5 cierra todo…
Y le pregunté a una compa, researcher como yo, si en su compu me podía imprimir mi ID identification para poder hacer la ID card al dia siguiente (mañana) porque yo no tengo todavía mi own impresora configurada, y le re jedió que le pregunte eso. Porque -me explicaron después- a los inglish les jede que traspases su espacio personal, sus prerrogativas individuales. Y usaba su clave para imprimir. No da, bolú.
Bueno, me quede all afternoon chateando con mi mama y mis amigas en espanish, en mi own office at the university, mientras intentaba hacer el anteúltimo paso para tener mi ID card y acceder al mundo civilizado de los estudiantes de Leeds.
Cuando ya quedaba poca gente (mi compa coworker mala onda y yo) decidi irme. No salude, obvio, al igual que ellos, que no saludan.
Me quise volver caminando, por primera vez, sola. Pero no pude, me perdi. Asi que hice el camino conocido, las 5 cuadras o más (digamos con propiedad, los ten minutes, aca se calcula en minutes) que separan la universidad del centro comercial, donde está la casa donde venden adaptadores y Primark, la tienda que vende ropa de mala calidad a pocos (muy pocos) pounds, a costa de explotar trabajadores infantiles y mujeres del sudeste asiático, pero donde ya me compre unas botas y un saquito. Ahí, a pasos, esta la parada de bondi. Es caro, no esta subsidiado. Un reloj sale la mitad que un pasaje en bondi. Un saco sale tres pasajes en bondi. Un desayuno con café y sanguche de bacon y huevo, lo mismo. Pero los pobres viajan en bondi. Que son negros. Y salvo por los marxistas, son los mas amables que conoci.
Se bajan donde vivo yo, en el barrio bajo sobre una colina, donde viven los negros. Y ellos sí se toman el tiempo de explicarme cómo llegar.

Los trenes no descarrilan, pero…


Como va? Yo viajando en el East Coast train, desde London rumbo a Leeds. Hoy la vida tiene otra cara.

Ayer fue todo un periplo. Fue una bestialidad llegar con tooodo mi equipaje a Paris para después tomarme 20 mil trenes hasta llegar a la estación Paris Nord, donde me tomaría el tren internacional a Londres, para tomarme de nuevo otro tren a Leeds. A ese no llegué.

Resulta que por la nieve se atrasó todo, pero yo el frio ni lo sufrí, chivaba de la fuerza que hacia para movilizar mis valijas. Cuando llegué a la estación central de Paris para tomarme el tren a London (el que cruza el canal), no andaban los ascensores, ni las escaleras mecánicas!! Subiendo con todo eso por escalera fija! Y este dicen que es el primer mundo!! Súmenle a eso la mala onda de la gente. Por suerte un inglish se apiadó y me ayudó a subir peldaño por peldaño mi valijota. Pero bueno, ese tren tenia que salir a las 16 para y salio como a las 18. Cuando llegué finalmente a London, a eso de las 21 (ya no llegaba al otro tren que salia a las 19) no daba más, estaba exhausta de cuerpo y mente. Pero de pronto escuché a dos argentinas hablar y me les avalncé desesperada. Porque no tenia como avisarle a Stuart que llegaba tarde, porque mi chip no funcaba y porque el wifi que hay en el primer mundo no es free, es pago, con tarjeta de credito. Asi que estaba re incomunicada y desesperada. Cuestion que estas chicas me invitaron a su hostel a usar internet, a solo 3 cuadras de la estacion central de londres, que se hicieron eternas con todo mi pesado equipaje encallando en la nieve. Cuando llegué tenia que pagar para usar internet.. Así que me puse a llorar, pero mis co-terraneas se apiadaron de mí y me invitaron a quedarme a dormir con ellas. Y también me invitaron a cenar, porque en london no aceptan euros y no habia podido cambiar en ningun lado por todo el trajín y el apuro. 

Bueno, hoy me desperté y les pedí a los de la recepcion si me podian guardar el equipaje uno 10' mientras conseguia cambio, pasaje y un chip para el celu. Respuesta, adivinen: ¡NO! No lo tienen permitido. Y hacer las cosas "de onda" acá no existe. Así que me fui con todos los bártulos en la nieve de nuevo a la estación central, pero habiendo descansado bien y en posicion horizontal.

Cuando llegué, mis reservas no existían, así que ya fue, fui a cambiar euros y me pagué el pasaje. Ahora estoy arriba del tren escribiendo, que hay wi fi, pero son gratis solo los primeros 15 minutos y se ve que me pasé porque ya no tengo más interrnet. Así que guardo este mail y se los mando cuando llegue a lo de Ruth, para que vean lo que es para un pobre sudaca con pasaporte europeo (eso sí, la libretita bordó me abrió las puertas a todo) sobrevivir en el frio primer mundo.

Extrañé mucho la calidez latina, y pensé mucho en la amabilidad cubana, exactamente en el extremo opuesto que acá. ¿Será que la necesidad hace a la buena onda? Acá todos con sus celulares alta gama, e-books, tablets y más, estan ensimismados y apenas si te responden. Cuando encontré estas dos argentinas casi se me pianta un lagrimón.  Sin conocerme me invitaron todo. Pero bueno, no se dejen llevar por mi tono quejoso, supongo que después de un buen descanso y llegada a tierras de leeds todo se verá mejor todavía. 

Eso sí, son ciudades hermosas. lo poco que pude ver de paris y londres, todas blancas por la nieve, son hermosas y ordenadas. Así como su gente. Pero frías, también como su gente.

 Bueno, actualizo: Ya llegué a Leeds, fui a lo de Stuart (mi director) y Sara (española). Ellos sí son muy buena onda, y graciosos. Me invitaron a comer, me prestaron ropa para la nieve (hay como 20 cm en las calles) y me vine para lo de Ruth donde me estoy quedando por estos días. Mañana ya empiezo a cursar y me contarán bien qué onda lo que tengo que hacer, el miercoles tengo una fiesta y el finde hay un congreso de marxistas latinoamericanistas que me da curiosidad así que voy a ir a chusmear. El inglés de Ruth es muy cerrado, me cuesta entenderla. Poco a poco me voy aclimatando. 


Los quiero mucho!! Y sepan que a pesar de mis desventuras estoy muy bien!


Besos y abrazos gigantes!