martes, 23 de julio de 2013

Ojo que hablo solo de objetos

El aburrimiento ingles me lleva a recrear un mundo imaginario donde los objetos se vuelven mas animados que las personas. Igual no es difícil, convengamos, ser mas animado que un ingles.

Si llega a haber un ingles hispano-leyente siguiendo estas lineas, no se me ofenda compañero. Es un poco jugando (aunque un poco en serio) que lo digo. Nomas intente entender: es la diferencia cultural. Asi como los suyos no comen conmigo en el almuerzo ni se dignan a responder mis saludos –a pesar de que ya lleve 5 meses aca- asi yo deposito todas mis insatisfacciones en la figura del “ingles promedio”. Hay excepciones, es cierto.

Volvamos a mi circulo afectivo de objetos. Primero, mi caloventor. Muchas alegrías me dio. Ciertamente, mas calor que cualquier ingles. Pero fue un amor fugaz. Aun lo conservo, pero la pasión murió. Somos buenos compañeros, eso es cierto. Y en estos días de verano difíciles de sobrellevar -en oficinas que tienen ventanas pero no se pueden abrir-, Calo (asi lo acabo de bautizar) me acompaña a la oficina y me ayuda a trabajar. Y descubri que no solo es calido, Calo, sino que también me ofrece un respiro cuando mas lo necesito. Con solo girar una perilla, se le puede apagar el radiador y tira airecito nomas. Pero en mi oficina no lo quieren. Dicen que hace ruido. Que es molesto, nos miran, no nos entienden. Asi que ahora lo tengo descansando debajo del escritorio. Y lo mejor, no es celoso y me permite tener relaciones poli-amarous, como dicen aca (el poliamor!).

Despues vino Fito, y fue parte de mi vida por un tiempo (mientras, Calo se la bancaba, gauchito). Una relación de conveniencia, digamos. Era buen tipo, nada pretencioso, no gastaba, pero medio lerdo. En las barrancas pa bajo siempre íbamos últimos, y en las barrancas pa arriba, también. Y me hacia sudar como loca. Al poco tiempo empece a mirar a otros y lo sacaba menos a la calle. Lo deje medio abandonadito. Cuando me mude, quedo solito en mi vieja casa por un tiempo. Como los animales, Fito se ofendio. Y se enfermo de soledad. El dia que lo fui a buscar, el chabón cabeceaba. Flojito, mas que de costumbre. Estaba de difícil! Y yo que persevero, no escuche mucho sus llamados de atención. Asi que segui pedaleando con el manubrio que se movia para uno y otro lado, muy jodido mantener el equilibrio y que no te pisen los autos. Cuando de pronto, chan! Me quede con el manubrio en la mano y el cuerpo de la bici en los pies. Fito había muerto decapitado!

Y tan mala que soy, no lo lleve corriendo al hospital. Primero me fui de vacaciones a Barcelona. Como acostumbran aca. Primero yo, yo y yo. Despues yo. Otro poco después yo y mis placeres, obligaciones y recién después podemos empezar a hablar del otro. Asi que Fito, pobre y muertito, debio fumarse mi tranculturizacion. A la vuelta de Barcelona recién lo lleve al medico a ver si lo podian resucitar con un desfibrilador, pinza o destornillador.

Y funciono! Quedo erguido de nuevo. Solo que muy pronto pasaría a un segundo plano, y también a la historia de los amores en dos ruedas. En Bikology, donde reparan Fitos, de pronto la vi a ella.

Mujer, hermosa, pintaba de unos cuantos años. Pero no le quedaban mal, para nada mal. Solo unos pocos pounds mas cara que Fito, era cien mil veces mejor.

Martita. De piel oscura, finas llantas, cuerpo liviano, es mucho mejor compañera de viaje que Fito. No me hace sudar, me vuelve el camino cuesta arriba mas fácil, y el que es cuesta abajo, mas ligero. Y fue asi, como si nada, amor a primera vista.

Y ese fue nuestro final con Fito. Lo deje ahí en parte de pago por Martita. Y hoy ya formo otra familia se ve, porque pase por el Bikology, que también es centro de adopción, y Fito ya no estaba. Yo sabia que iba a encontrar a alguien que lo quisiera como yo no supe.

Ahora termino estas líneas porque tengo que ir a buscarla a Martita a la clínica. Se le pincho una goma.

viernes, 28 de junio de 2013

Marmitas, mormanos... ¡mormones!

Empezaba a creer que el mundo era un lugar en el que podía estar. "El mundo", qué palabra. Con todo lo inmenso y sublime. A pesar de que sólo conocía casa y Leeds.

Tras una cerveza -como casi todos mis días aquí- me despedí de mi amiga y encaré rumbo a casa. Mi casa nueva, que también empezaba a sentir más mía. 

La lluvia se había ido, y un leve color a sol matizado por nubes daba otra tonalidad a la vida en Leeds. De pronto me sentí más contenta. Sin planes, sin futuro aparente, pero un presente promisorio conmigo y un postre que aún no había planeado, o no conscientemente. Pero mi estómago ya me iba marcando el rumbo ¿Qué comería al llegar a casa? ¿Más vegetales? ¿Más cerveza? Por unos instantes, esas fueron todas mis preocupaciones.

Camino a casa, encontré un Tesco Express. Sí sí, los mismos, esos a los que no hay que entrar porque atentan contra la autonomía alimentaria y entierran un pasado dominado por pequeños almacenes y encuentros cara a cara con sus almaceneros.

Entré y fui directo a los freezers: ahí estaba, sin mas, mis antojos materializados en un pote de hagen dazs. 

Ningún encuentro caracara, nada. Pasás tu pote de helado por un rayo x o algo así que te lee el código de barras y te dice que pagues. Y si apoyás después el helado en otra parte te reta y te dice que no, que lo pongas en una bolsa a tu derecha. Ni el almacenero te retaría así!

Salí, rápido, acaso asqueada de esa escena inmaterial y futurista del presente en Leeds. Desenfundé mi cuchara plástica y la hinqué en el helado. Nada del otro mundo. Pero el día se había puesto tan lindo que se disfrutaba igual.

¿Para qué correr? Me senté en una bonita medianera, miré el cielo y seguí con mi helado. No tenía apuro, ni planes, ni futuro aparente. Yo, mi helado, mis pensamientos. Un cielo celeste zurcado por nubes y rastros de aviones "a chorro". Más cerca, en frente mío, chimeneas aún activas en esta Leeds post-material y post-industrial.



Cuando estaba por llegar a la nuez caramelizada más grande de todas, pasan dos simpáticos (extrañamente simpáticos) hombres ingleses. Muy bien vestidos. Irían a una fiesta, pensé. Lógico, viernes a la noche, es lo que la gente hace. No quedarse sentada a solas en medio de un campus universitario vacío y de vacaciones. 

--"How are you lady?" --Me preguntaron. Pero qué amables que eran estos. No era el momento, pero que amables que eran.

--"Veri gud, inyoing" --Respondí, un poco sincera, otro poco queriendo justificar mi extraña práctica solitaria con un helado en horario en que se sale.

Temerosa de que ese "jaguariu" fuera el comienzo una situación de levante inglés que pondría punto final a mi encuentro conmigo misma, terminé encontrándome algo mucho peor. 

--"Do you belive in god?".

Mormones eran. 

Pero como estaba de buenas conmigo y con la vida -y no tenía el portero eléctrico para colgarles y mandarlos al demonio o al infierno- acepté la charla sobre dios y la importancia de rezar y de la familia. Si creía en dios?, no, o sí, depende el día, pero no en las instituciones. Para qué. Que los mormones son distintos, que no son como otras instituciones, que ellos no te quieren cooptar, porque son distintos, y por eso mismo respetan a las familias. Claro, como yo no era familia, no pasaba el filtro y conmigo si podían emplear la táctica de la cooptación.

Pero debo confesar que fueron respetuosos los tipos. No me lo hubiera esperado. Me invitaron a una charla para conocer mejor el mensaje de jesús y, sin mucho pero, aceptaron mi no. Creo que solo hubo un pero: ¿pero no querés conocer otros caminos para ser feliz y superar la soledad? O algo así me preguntaron los mormones, en inglés, claro.

Muy amablemente y en inglés también, claro, los mandé a freir churros. Y aceptaron la invitación y todo. "Gud bai", "nais tu mitchiu" y se fueron.

Está bien que no conocí mormones anteriormente... Ni ingleses ni argentos. Pero de haberlo hecho, seguramente los argentinos habrían sido más insistentes. Como los testigos de jehová, o los de rey de reyes... Tiene sentido. Las religiones también están determinadas -o influidas- por las culturas.

Tal vez acá ni haya testigos de jehová, ni mucho menos, rey de reyes, pastores brasileros, la iglesia del reino unido de dios.... Pero el helado es una garcha.

Aquí algunas fotos leedsenses. He decidido aprovechar la tecnología y volver esto más audiovisual.

 Cielo con banderines. Banderines ves todo el tiempo por todos lados. No así el cielo.


Regreso a casa por el parque Woodhouse Moore.


No estudio ahí pero la imagen se me hizo bonita.

jueves, 20 de junio de 2013

La actualidad alfombrada

Tanto tiempo y yo sin venir por aquí. La vida tiene altibajos, y estuve de altos. Un repentino viaje de un mes a la patria querida, todo incluido en mi scholarship. Diversión y cariño, todo concentrado. Y no hizo falta cerveza!

Volví la semana pasada y el regreso vino con mudanza. Descubrí que soy como los gatos, me adapto a los lugares, más que a la gente. Y me sacás de mi hábitat habitual y no sé qué hacer.

Resulta que me fui a una zona preciosa, a una casa que podría ser preciosa, pero es muy sucia. Las alfombras, lo peor. A estos ingleses les encantan las alfombras, son fanáticos. Que son warm en invierno es el pretexto. La mugre que albergan y los ácaros que alguna vez fueron responsables de fuertes alergias y más de un ataque de asma, quedan en un segundo plano. También el olor a cebo capilar que juntan y las pelusas que no dejan correr. Más si estacionás la bici que cruzó charcos, caca de perro y vaya uno a saber qué en esas viejas alfombras.

Algunos con más plata las cambian cada dos años. En mi nueva casa, todita alfombrada, sus desvencijados alfombrados deben tener, cuanto menos, 15. Puajjjj.

Y si por si todavía no lo notaron, aclaro: las alfombras despiertan lo peor de mí. Fobias, obsesiones.

Pero la buena onda que encontré en mi nueva casa de 7 personas, pudo más que las alfombras, los ácaros, el cebo capilar, la pelusa y el mal olor. La buena onda, y el limpia-alfombras que me compré hace minutos por 2 pounds. Y que voy a pasar con un cepillo y mucha fuerza por dentro de mi trinchera, que es mi cuarto y el breve pasillo (igualmente alfombrado) que lo separa de un baño sin alfombra pero también sin piso. Es un papel contact deteriorado que simula pinotea. Con la humedad se levanta y ondula, y vuelve la experiencia de bañarse una aventura por las colinas del piso engomado, esquivando bolas de pelo que junto a grasa corporal y burbujas ya grises de restos de jabón, taponan la bañadera.

Y mis hippies compañeros me cocinan rica comida vegana y tocan música. Y tengo con quien charlar después de una aburrida rutina en mi oficina. Y aunque hable mal de ellos y de su mugre (y lo sepan porque el mundo es un pañuelo y los rumores que por mi boca salen de mi casa en Leeds, pasan por los oídos de un argentino en Manchester, y vuelven por medio de un músico manchesteriano a mi casa en Leeds), me aceptan. Creo que ya saben que soy obsesiva de la limpieza.

jueves, 11 de abril de 2013

La gripe

La tercera en dos meses, o tres manifestaciones de lo mismo. Hacía rato que no escribía, y qué mejor momento que ahora, desde la cama. A diferencia del principio, no tengo mucho para contar, ovejas, rayitas de fiebre, anécdotas vagas.
Mi adaptación a este extraño primer mundo venía bien. De hecho, tras una escapada de una semana por el resto del Reino Unido (Escocia e Irlanda), podría decir que hasta extrañé mi ¿hogar?, Leeds y no mi ciudad natal.
Dos meses, tres gripes, un sistema de salud en reducción presupuestaria y ningún amigo dispuesto a venirme a visitar durante mis días de reclusión, me hicieron volver a pensar en la patria, la posta. Oh, su clima; oh, su gente. Amigos, familia, sol, asados, otoño que es más cálido que este verano, mi madre médica que ya hubiera dado en el clavo con lo que tengo y me estaría sintiendo mejor. Sus cafecitos y tostadas en la cama... Son ciertas también las inundaciones, los problemas, que el dólar y el cepo... Bla. Extraño, que le vamo' hacer.
Pero suena el teléfono, se ve que me vienen a visitar.

jueves, 21 de febrero de 2013

Al Palo


El dulce de leche – las empanadas – la birome – el bondi – el tango – el lunfardo – el chorizo (sí es español. Bueno, pero el choripán sí) – el asado – Maradona – la mano de dios – la mas larga – la más ancha – las minas mas lindas.

Hoy fue un dia productivo, en todo sentido, y no fue por un nuevo caloventor. Ni por el GPS que descubri que tiene mi celular (que contribuye a que ya no me pierda más), ni al chocolate Lindt que encontré que venden por un pound y me sube las endorfinas.
Descubrí que la tristeza que siento últimamente muy a menudo,  sirve. Está haciendo lo suyo. La soledad terrible que siento a veces, y la falta de alguien con quien compartir mis sentimientos, lo empeora (lo cual me acabo de dar cuenta que forma parte del concepto de “soledad”).
No es que me pasen cosas terribles. Pero la falta de un colchón afectivo hace que cada cosa, buena o mala, resuene más, mucho más, amplificando sus efectos sobre mi sistema nervioso central (creo). Nada amortigua los efectos de los pequeños sucesos cotidianos. Si tuve un dia mas o menos bueno, me siento feliz, muy feliz, rozagante. En cambio, si tuve un dia masomenos malo, o simplemente no tan bueno, es terrible y siento como si se acercara el fin del mundo. Bajó-bajón. Esto lo que en mi tierra se llama “vivir al palo”. Y no es la argentinidad, precisamente.
Hoy encontré acá en Leeds una argentina, como yo, que vino hace dos meses a probar suerte. Habría que ver qué onda en Baires, pero con la distancia, las saudades y la resonancia amplificada por la falta del colchón afectivo que les dije, se siente como si hubiera encontrado una hermana perdida. Y me dijo algo revelador: “Siempre es muy bueno viajar un tiempo, pero para los argentinos, más que bueno, es fundamental”.
“¿Por qué para nosotros más que para otros?”, le pregunté.
“Y, para bajarnos un poco del poni, nos creemos muy superiores en todo”.
Claaaro, esta sí que tiene razón. Necesitaba que alguien dijera por mi lo que de algún modo venia intuyendo,  pero no podía formular claramente, ni entender que era algo que no me pasaba solamente a mí solita. Pero no, es un padecimiento nacional. El no poder parar de hablar de Argentina, tan grande y tan linda, y de lo buenos y zarpadamente piolas que somos, más los porteños. Y, esta sí, es la argentinidad al palo.
Así que bueno, por eso digo que está siendo productivo. Marina, desterrada, puede pensar sobre su condición cultural de argentina. Pero necesitaba que otro se lo marcara. Alguien muy groso e inteligente. Y quien iba a ser, sino una argentina.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Políticamente correcto


Hoy a la mañana me paso algo muy loco que remontaría mis últimos días de adaptación, sin penas ni glorias, a este frío país.
Iba caminando rumbo a la university, hasta que un señor afrodescendiente (expresión políticamente correcta) me saluda. Yo simplemente digo “hi”. Por tan breve expresión (dos palabras, una sílaba) el hombre se percató que no era, yo, de estas tierras, y me preguntó de dónde era.
“Argentina”, le dije. “Ah, Diego Maradona”, me respondió él. Y así empezó una de las más interesantes y amenas conversaciones que tuviera en los últimos días (no es que haya tenido muchas igual, la gente con la que trabajo no es muy adepta al intercambio verbal. Ni visual. Ni de ningún tipo).
Extraña mezcla de licenciado en Sociología (según dijo, y según algunos términos precisos que mencionó podrían confirmar) con working class, recordaba el año exacto de la guerra de Malvinas, me contó que su hermano peleó allí y que para él debían ser argentinas.
Charlamos de lo inapropiado de las guerras, de la violencia, la opresión, de los movimientos sociales urbanos y terminamos hablando sobre el racismo. Fue la primera persona que mencionó la existencia de racismo en la isla. Y que debería estudiar eso en vez de movimientos sociales compuestos por 10 personas –siempre las mismas 10- de clase media -todos narices respingadas, según gestualizó-.
Al llegar a la facultad, donde estudiamos cómo cambiar el mundo sin tomar el poder, pregunté por qué no hay working class en ninguno de los social movements británicos actuales.
Y la respuesta fue: “Porque para lo único que se juntan es para tomar alcohol”.