jueves, 11 de abril de 2013

La gripe

La tercera en dos meses, o tres manifestaciones de lo mismo. Hacía rato que no escribía, y qué mejor momento que ahora, desde la cama. A diferencia del principio, no tengo mucho para contar, ovejas, rayitas de fiebre, anécdotas vagas.
Mi adaptación a este extraño primer mundo venía bien. De hecho, tras una escapada de una semana por el resto del Reino Unido (Escocia e Irlanda), podría decir que hasta extrañé mi ¿hogar?, Leeds y no mi ciudad natal.
Dos meses, tres gripes, un sistema de salud en reducción presupuestaria y ningún amigo dispuesto a venirme a visitar durante mis días de reclusión, me hicieron volver a pensar en la patria, la posta. Oh, su clima; oh, su gente. Amigos, familia, sol, asados, otoño que es más cálido que este verano, mi madre médica que ya hubiera dado en el clavo con lo que tengo y me estaría sintiendo mejor. Sus cafecitos y tostadas en la cama... Son ciertas también las inundaciones, los problemas, que el dólar y el cepo... Bla. Extraño, que le vamo' hacer.
Pero suena el teléfono, se ve que me vienen a visitar.

jueves, 21 de febrero de 2013

Al Palo


El dulce de leche – las empanadas – la birome – el bondi – el tango – el lunfardo – el chorizo (sí es español. Bueno, pero el choripán sí) – el asado – Maradona – la mano de dios – la mas larga – la más ancha – las minas mas lindas.

Hoy fue un dia productivo, en todo sentido, y no fue por un nuevo caloventor. Ni por el GPS que descubri que tiene mi celular (que contribuye a que ya no me pierda más), ni al chocolate Lindt que encontré que venden por un pound y me sube las endorfinas.
Descubrí que la tristeza que siento últimamente muy a menudo,  sirve. Está haciendo lo suyo. La soledad terrible que siento a veces, y la falta de alguien con quien compartir mis sentimientos, lo empeora (lo cual me acabo de dar cuenta que forma parte del concepto de “soledad”).
No es que me pasen cosas terribles. Pero la falta de un colchón afectivo hace que cada cosa, buena o mala, resuene más, mucho más, amplificando sus efectos sobre mi sistema nervioso central (creo). Nada amortigua los efectos de los pequeños sucesos cotidianos. Si tuve un dia mas o menos bueno, me siento feliz, muy feliz, rozagante. En cambio, si tuve un dia masomenos malo, o simplemente no tan bueno, es terrible y siento como si se acercara el fin del mundo. Bajó-bajón. Esto lo que en mi tierra se llama “vivir al palo”. Y no es la argentinidad, precisamente.
Hoy encontré acá en Leeds una argentina, como yo, que vino hace dos meses a probar suerte. Habría que ver qué onda en Baires, pero con la distancia, las saudades y la resonancia amplificada por la falta del colchón afectivo que les dije, se siente como si hubiera encontrado una hermana perdida. Y me dijo algo revelador: “Siempre es muy bueno viajar un tiempo, pero para los argentinos, más que bueno, es fundamental”.
“¿Por qué para nosotros más que para otros?”, le pregunté.
“Y, para bajarnos un poco del poni, nos creemos muy superiores en todo”.
Claaaro, esta sí que tiene razón. Necesitaba que alguien dijera por mi lo que de algún modo venia intuyendo,  pero no podía formular claramente, ni entender que era algo que no me pasaba solamente a mí solita. Pero no, es un padecimiento nacional. El no poder parar de hablar de Argentina, tan grande y tan linda, y de lo buenos y zarpadamente piolas que somos, más los porteños. Y, esta sí, es la argentinidad al palo.
Así que bueno, por eso digo que está siendo productivo. Marina, desterrada, puede pensar sobre su condición cultural de argentina. Pero necesitaba que otro se lo marcara. Alguien muy groso e inteligente. Y quien iba a ser, sino una argentina.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Políticamente correcto


Hoy a la mañana me paso algo muy loco que remontaría mis últimos días de adaptación, sin penas ni glorias, a este frío país.
Iba caminando rumbo a la university, hasta que un señor afrodescendiente (expresión políticamente correcta) me saluda. Yo simplemente digo “hi”. Por tan breve expresión (dos palabras, una sílaba) el hombre se percató que no era, yo, de estas tierras, y me preguntó de dónde era.
“Argentina”, le dije. “Ah, Diego Maradona”, me respondió él. Y así empezó una de las más interesantes y amenas conversaciones que tuviera en los últimos días (no es que haya tenido muchas igual, la gente con la que trabajo no es muy adepta al intercambio verbal. Ni visual. Ni de ningún tipo).
Extraña mezcla de licenciado en Sociología (según dijo, y según algunos términos precisos que mencionó podrían confirmar) con working class, recordaba el año exacto de la guerra de Malvinas, me contó que su hermano peleó allí y que para él debían ser argentinas.
Charlamos de lo inapropiado de las guerras, de la violencia, la opresión, de los movimientos sociales urbanos y terminamos hablando sobre el racismo. Fue la primera persona que mencionó la existencia de racismo en la isla. Y que debería estudiar eso en vez de movimientos sociales compuestos por 10 personas –siempre las mismas 10- de clase media -todos narices respingadas, según gestualizó-.
Al llegar a la facultad, donde estudiamos cómo cambiar el mundo sin tomar el poder, pregunté por qué no hay working class en ninguno de los social movements británicos actuales.
Y la respuesta fue: “Porque para lo único que se juntan es para tomar alcohol”.

jueves, 31 de enero de 2013

Una guía práctica para cada ocasión

Una guía radical para cambiar el mundo. Hasta tienen pautado eso. Fundamentalistas de las pautas y los reglamentos. Fetichismo de la norma ¡Este país da para todo!
--¿Usted me quiere decir, señor de cabellos claros, que si cambio mis lamparitas por unas de bajo consumo (procedimiento que igual ya implementó nuestra señora presidenta de Argentina, que de marxista creo que tiene poco y de autonomista, menos); que si además camino desde mi casa al trabajo en vez de usar el auto (que pueden llegar a ser como 13 kilómetros en la megaciudad donde vivo); y que si elijo comer  lechuga en vez de vaca; que si hago todo eso voy a cambiar el mundo?
--No, por supuesto que no --Me dirá él (no voy a poner nombres por las dudas).-- No basta con que lo hagas tú sola, deberás hacerlo tú, con los tuyos, en comunidad.
Tomo como ejemplo la fotografía que el libro muestra. Él y los suyos abrazados en un lugar que pinta campestre. Si me voy a la montaña, se me ocurre que el Uritorco podría andar bien (tendría que formular la pregunta en la próxima sesión de nuestro encuentro profesional en el marco del programa de estudios de posgrado), si me voy a las afueras y practico meditación trascendental, yo y mis 15 amigos, 100 pongamosle, o un millón si fuera Roberto Carlos. Y además todos hacemos una dieta rica en lentejas y porotos, y nada animal ni vegetal que dé más de 2 cm de sombra. Reuniendo todos esos requisitos estipulados en la guía de cómo cambiar el mundo radicalmente en pocos pasos, ¿puedo cambiar el mundo posta? ¿Viene con garantía ante eventuales fallas?
Cierto, fue un regalo… Y a caballo regalado…
Bueno, con este regalo, este librito amarillo y sus pautas bien didácticas y con muchos dibujitos, ¿se  puede terminar con el hambre?, ¿las injusticias?, ¿la trata?, ¿el trabajo semi-esclavo? ¡Como no se nos ocurrió antes locoo! ¡Porque somos latinos perezosos y preferimos andar de juerga que pensar! Menos mal que vine a estudiar al primer mundo, acá me enseñan posta…


martes, 29 de enero de 2013

Descubrí el amor el Leeds


Estoy aprendiendo a disfrutar de las pequeñas alegrías, acá en el viejo mundo, y a rendirles culto. ¿O será que me estoy contagiando de este apego por lo material que reconforta la esfera individual de la cotidianidad del inglés promedio? Sea como fuere, decidí componer esta canción. Todavía me falta la melodía.


A todos los que me leen por aquí
les quiero decir:
Soy feliz,
encontré mi amor en Leeds.

Después de una larga y fría noche gris,
en la que a duras penas pude dormir,
me desperté
y me vestí.

Corriendo salí.
Quería saber si lo que había soñado podía existir.
Corrí, corrí.
Hasta que llegué al centro cívico y comercial de Leeds.
Y ahí lo vi.

Era real, estaba ahí.
Lo agarré con ambas manos y partí.
Desconfiada, no sabia si sería para mí.
Llegué a casa y descubrí que sí.
¡Qué Feliz!

Lo enchufé.
El caloventor funcionaba,
volví a vivir.

De frío ya no muero,
y repito, soy feliz.

Caloventor, sos mi amor
Con vos hasta siento calor
Sos lo mejor
Me haces feliz
Por eso digo,
Descubri mi amor en Leeds
¿Qué mas puedo pedir?

(Seee, ya sé... Internet, teléfono y un escritorio porque me duele la joroba de escribir sobre la alfombra, pero todo llegará, como mi caloventor. Tal vez para cuando eso pase hasta se me ocurra la música para tan bella canción).

domingo, 27 de enero de 2013

Los nuestros


¿Qué al querer entrar a mi blog la dirección diga al final “.co. uk”?? Si eso no es adaptación, ¿qué es? ¿Tomarme el bondi y no perderme? ¿Volver a mi casa por motivos de sueño a las 7.30 de la noche sintiendo que es tardísimo? Ya soy cuasi-independent. Ya hace casi una semana que estoy… Ya casi una leedsita más del montón.
Pero bueno, confieso que no puedo con mi genio, y hoy en el congreso marxista les conté a varios que problemas verdaderos son los nuestros, no los de ellos; que resistencia al capitalismo es la nuestra, no la de ellos; que acciones que excedan la paja intelectual las encontrás en Argentina, no acá. Que la megaminería, que el monocultivo de soja, que la corrupción, que nuestros políticos, terminamos  hablando de Perón. ¡Y hasta lo conocían!
Hoy, después del congreso fuimos a chupar birra. Tras dos vasos de extra strong beer, y sin comer nada más que unas chips, ya estaba en pedo. Jugué un partido de metegol contra marxistas de todas partes de Inglaterra, y (lamento comunicarlo) dejé bien claro que el fútbol inglés es mejor que el argentino. Pero la culpa la tienen ellos y su cerveza. Mientras jugaba, chupaba birra, y además intentaba pensar en inglés respuestas a sus preguntas. Claro está, a cada respuesta, un gol. Y así fue cómo perdí. Y nos dejé a todos mal parados.
Pero he aquí un triunfo: logre que incorporaran a su vocabulario el término “intelectual masturbation”.
Eso fue lo que primó en el political congress. 

viernes, 25 de enero de 2013

Tengo que dejarte ir...


Bueno, ingleses, ahí tienen: los quiero como son. Me estoy reconciliando con estos gringos. Digo, no tienen la culpa.
Acá las calles son todas iguales, las casas todas iguales, hermosas, pero todas iguales. Me pierdo, qué le voy a hacer. Voy de una colina en otra, no existen la cuadriculas. Camino, miro primero a la izquierda y después a la derecha; y luego recuerdo que debo mirar a la derecha primero y después a la izquierda, ¿o era al revés? Lo pienso una y otra vez y no entiendo, soy disléxica! Pero bueno, alcanzo a percibir como a través una especie de sexto sentido que los autos y los buses van raro. Cuando miro adentro de los autos, pienso que se manejan solos: no hay conductor. Después recuerdo que esté del otro lado, más lejos, y alcanzo a ver su rostro, blanco, casi humano. No son máquinas futuristas que se manejan solas. Aunque varias veces pareciera.
Camino, imposible en línea recta, imposible no perderse. Lo divertido de esto es volver a encontrar el camino. Hoy no fue divertido, nunca lo encontré. Me bajé del bondi no sé donde y me pedí un tacho, que encontró el camino por mí.
Pero salvo por el extravío, hoy mi día estuvo bueno. Dormí hasta tarde, porque como no hay sol, no hay rayos que te despierten. Fui a la facu caminando, previo pasar por el centro para reclamar por mi fono que sigue sin interné (que parece que así seguirá por un buen rato), me compré más cosas en Primark (son absolutamente necesarias eh, nada de consumismo: medias de abrigo, 2 pares por 2 pounds, una remera por 1 pound y unos lompas por otro pound… Sumando pound y pound y multiplicando por 8 nos ponemos a llorar, pero bueno, no more thinking in argentinian). Y llegué a la facu.
Para entrar a MI oficina, tengo que pasar por el “foyer” que es como una salita donde todos comen y siempre hay olor a no se qué especia, porque hay mucha influencia pakistaní e hindú en la comida. Estuve poco tiempo. Pude imprimir, conseguir mi ID card y hasta tengo cuenta de mail.
Volví, ahí fue cuando me perdí, me hallé de nuevo, y fui a cenar a lo de mi supervisor con su mujer que es espanish y por suerte curtimos el mismo languish. Y comimos espanish food. Y ayer también salí con mi superviser y la gente de la facu, y me di cuenta lo siguente: soy insoportable.
Así es, totalmente insoportable. ¿Viste cuando te das cuenta de algo de vos mism@ y querés evitarlo pero no podés, e incurrís una y otra vez en lo mismo? Bueno, soy así.
No puedo evitar hablar de Buenos Aires, de nuestras costumbres, de lo buena que es la educación allá, y que es gratis, y que los edificios de la facu son mas feos y cursamos mal y apretados pero somos más piolas, claro. Porque no tenemos todo resuelto y tenemos que luchar para conseguir las cosas. Y no nos recibimos tan rápido como ellos (eso, loco! Tengo compañeros de doctorado que son púberes y tienen granos! Sus carreras duran 3 años, sus maestrías uno y sus doctorados 3, a los 27 si quieren ya son doctores, porque además sus tesis miden sólo 100 páginas). Y obvio que es mejor en Argentina, porque sos mas viejo pero más sabio, porque no nos afectó tanto (todavía) la privatización de la educación como a ellos. Y no tenes oficina propia, pero somos más cariñosos y afectuosos y solidarios, y piolas, y lindos es inteligentes y buenos. He dicho...
Ayer charlando downtown con otro researcher me dijo que él investiga el proud de los citizens, algo así como el orgullo de los ciudadanos sobre su ciudad, y me dijo que yo seria un interesante caso de estudio, ¿eso fue un insulto a la inglesa?
Así que Buenos Aires, creo que este amor nuestro no me está haciendo bien. En el fondo, ambas sabemos que vos sos más linda, que a pesar de la humedad, tu clima es mejor, y todas tus desigualdades te dan un sabor y un atractivo que acá no hay (¿no te digo que es todo igual?). ¿Por qué no guardamos este amor nuestro en una cajita, para abrirla después, más adelante*? Porque creo que lo mío ya roza la soberbia. Tengo que dejarte ir… Entedeme, no sos vos, soy yo. Que ahora vivo con otra. Yo te quiero a vos, pero ésta me da de comer, me ordena. ¡Es solo por un tiempo!
Hoy, perdiéndome, llegué a la loma del orto. Y los colectiveros te explican dónde bajarte y cómo seguir camino. Que no les entienda sus raros acentos es otra cosa, pero tienen toda la buena intención.


*Quiero dar gracias a mi amiga Lys porque de no haber sido por sus lejanas anécdotas no podría haber imaginado semejante frase.